— ¿Olvidarás tú alguna vez la manera de respirar? ¿Olvidarás que la luna da vueltas alrededor de la Tierra? ¿Eres capaz de olvidar tu existencia?
— No es lo mismo.
— Te equivocas, tú para mí eres como respirar, eres una ciencia exacta, y sin ti mi existencia desaparece.
— ¿Y todo esto por qué es?
— Porque te quiero cada día un poco más, y poco a poco me consumo como una vela que se funde con su propia cera quedando atrapada, esperando una llama que la rescate...
— ¿Esa llama puede ser cualquiera?
— No, solo puedes ser tú, tu temperatura exacta podría sacarme de este mundo paralelo a la realidad, así que, o te fundes conmigo o quémame para que aprenda la lección de que no todo lo que brilla es oro.
— ¿Qué tiene que ver el oro conmigo?
— Que tú brillas, me ciegas, no doy pasos claros, pero no eres oro, ni nada por el estilo.
— ¿Y si sí que te pudiera rescatar?
— Poder, puedes, lo que no puedes es prometerme que no me fundirás más con la cera.
— Entonces, sé mi sol.
— ¿Que sea tu sol?
— Sí, de manera que la que quemes seas tú, que yo sea la Tierra y gire a tu alrededor sin quemarme, que seas mi ciencia exacta y que tenga la luna para regalarte.
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