Todo el mundo sabe que tener citas a los treinta años no es nada fácil, ni se consigue con la alegría y despreocupación de cuando tenías veintidós, y que la respuesta sincera se parecía más a: <<En realidad, anoche mi amante casado apareció vestido con ligas y con un hermoso pequeño top de Angora, me dijo que era gay/adicto al sexo/adicto a los narcóticos/fóbico al compromiso, y me golpeó con un consolador>>, en lugar de: <<Genial, gracias>>.
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